Stablecoins: el auge en América Latina ya redefine el acceso al dólar
Argentina refleja bien esta dinámica. Se estima que entre el 18% y el 20% de los adultos ya tiene o utiliza criptoactivos, incluyendo stablecoins.
Las stablecoins dejaron de ser una herramienta exclusiva del mundo cripto. En América Latina, empiezan a consolidarse como una forma concreta de operar en dólares: sirven para ahorrar, recibir pagos y mover dinero entre países sin depender de los horarios bancarios ni de intermediarios tradicionales.
Más que una tendencia, el fenómeno ya muestra señales de ser estructural. Según RWA.xyz, a mediados de marzo de 2026 el mercado alcanzaba los USD 300.910 millones y más de 236 millones de usuarios.
La región está al frente de este cambio por una razón clara: tanto las personas como las empresas ya piensan en dólares, aunque operan en economías atravesadas por inflación, controles cambiarios o acceso limitado al sistema financiero.
En Brasil, por ejemplo, el funcionario del banco central Gabriel Galipolo señaló en febrero de 2025 que el uso de criptomonedas creció en los últimos años y que cerca del 90% de los flujos están vinculados a stablecoins, en muchos casos asociados a pagos y compras en el exterior.
Argentina refleja bien esta dinámica. Se estima que entre el 18% y el 20% de los adultos ya tiene o utiliza criptoactivos, incluyendo stablecoins. Sin embargo, el uso todavía está más ligado al resguardo de valor que al consumo cotidiano.
Por qué las stablecoins simplifican las transferencias
Una de las claves está en cómo funcionan. Las stablecoins permiten transferencias internacionales que se liquidan directamente en la red: alguien envía, la operación se confirma y el receptor puede verificarla en tiempo real. No hay autorizaciones pendientes ni procesos de compensación entre múltiples intermediarios.
El sistema se apoya en la emisión y el rescate de tokens. Cuando ingresan dólares a los emisores, la oferta de stablecoins crece; cuando esos tokens se canjean, se reduce. La blockchain no guarda esas reservas, pero sí funciona como la infraestructura que permite transferir y liquidar el valor. En la práctica, esto habilita movimientos de dinero entre países sin necesidad de que los sistemas bancarios estén conectados o funcionen en los mismos horarios.
La estabilidad depende de las reservas. Al cierre de 2025, Tether reportó más de USD 192.800 millones en activos frente a pasivos por USD 186.500 millones. En el caso de USDC, Circle sostiene que sus reservas están compuestas por efectivo y activos de bajo riesgo, con reportes diarios auditados por terceros.
Una adopción que responde a necesidades reales, no a una moda
Las stablecoins no necesitan reemplazar a las monedas locales en el día a día para generar impacto. Su valor está en otro lado: se están convirtiendo en una herramienta para ahorrar, fijar precios y mover dinero.
Los datos lo reflejan. En Argentina, las stablecoins representan el 61,8% del volumen de transacciones cripto, y en Brasil, el 59,8%, ambos por encima del promedio global del 44,7%, según Chainalysis. Esto habla de una fuerte demanda de activos digitales atados al dólar, aunque no distingue si se usan para ahorrar, invertir o pagar.
También lideran las compras dentro del ecosistema. En 2024, explicaron el 39% de los criptoactivos adquiridos en América Latina, lo que sugiere que muchos usuarios ingresan directamente a través de instrumentos vinculados al dólar, en lugar de criptomonedas más volátiles.
Argentina vuelve a ser un buen ejemplo. La alta penetración cripto implica una base amplia de usuarios y billeteras, pero el uso sigue concentrado en proteger el valor frente a la inflación y las restricciones cambiarias, más que en el consumo diario.
Desde el lado del producto, el desafío ya no es atraer usuarios, si no mejorar la experiencia. El próximo paso es que pagar con stablecoins sea tan simple como tenerlas. Para eso, las plataformas deben resolver en segundo plano cuestiones como la red utilizada, las comisiones, los tiempos de confirmación y el seguimiento de cada operación.
Menos intermediarios, otra lógica para los pagos internacionales
Las stablecoins también están cambiando cómo se envía dinero entre países. Al operar sobre una infraestructura compartida, reducen la cantidad de intermediarios y hacen que las transferencias sean más directas.
Siguen existiendo fricciones —como controles regulatorios, conversión de moneda o acceso al sistema bancario—, pero el núcleo de la operación se simplifica. El receptor puede verificar el dinero en cuanto se confirma la transacción y decidir si lo mantiene en dólares, lo convierte o lo vuelve a enviar.
Esto impacta directamente en los tiempos y en la previsibilidad. Según el Banco Mundial, enviar USD 200 al exterior costaba en promedio 6,49% en el primer trimestre de 2025. Los servicios bancarios llegaban al 14,55%, mientras que los proveedores digitales rondaban el 5,06%. Las stablecoins no siempre son más baratas —por las comisiones de entrada y salida—, pero sí reducen la dependencia de los tiempos del sistema financiero tradicional.
En América Latina, el avance de las stablecoins no responde tanto a una narrativa tecnológica como a una necesidad concreta: acceder al dólar y moverlo con facilidad. Al combinar esa demanda con transferencias directas, portabilidad y divisibilidad, empiezan a consolidarse como una nueva capa financiera.
Más que un activo especulativo, se perfilan como infraestructura. Una forma de convertir la demanda de dólares en un formato digital que funciona de manera continua, cruza fronteras y se integra tanto en el uso personal como en la operatoria de las empresas.
