Mercados cripto en Latam: las fuerzas macro redefinen la dinámica de los activos digitales

A nivel global, el entorno de mercado reflejó un delicado equilibrio entre la flexibilización de las condiciones financieras y el aumento de la incertidumbre geopolítica.

Por Yoandris Rives Rodríguez

Gerente regional para América Latina en B2BINPAY

Durante el fin de semana del 23 al 25 de enero de 2026, los mercados cripto se mantuvieron relativamente estables en términos de precios, pero mostraron una alta dinámica desde una perspectiva macroeconómica. Si bien Bitcoin y los principales activos digitales operaron dentro de rangos estrechos, los impulsores subyacentes del mercado se desplazaron de forma decisiva hacia factores macroeconómicos y políticos, particularmente en América Latina, donde las criptomonedas están cada vez más entrelazadas con la política monetaria, la estabilidad cambiaria y los flujos de capital.

 

A nivel global, el entorno de mercado reflejó un delicado equilibrio entre la flexibilización de las condiciones financieras y el aumento de la incertidumbre geopolítica. El retroceso del dólar estadounidense y un apetito selectivo por el riesgo respaldaron a las monedas de mercados emergentes, incluidas las latinoamericanas, mientras que los mercados bursátiles de la región continuaron condicionados por la baja liquidez y un sentimiento inversor cauteloso. Al mismo tiempo, los activos de riesgo se vieron presionados por la reaparición de amenazas arancelarias y por un giro más amplio hacia posiciones defensivas, con un tono particularmente negativo en Europa ante los temores de una escalada de tensiones entre Estados Unidos y el continente europeo. En este contexto, los criptoactivos continuaron funcionando menos como instrumentos puramente especulativos y más como coberturas macroeconómicas y como infraestructura financiera alternativa.

 

Brasil volvió a posicionarse como uno de los focos centrales de la semana. Las señales del banco central de que un ciclo de recortes de tasas de interés podría comenzar tan pronto como en marzo marcaron un punto de inflexión en la dinámica monetaria regional, en un intento por reactivar una economía debilitada. Paralelamente, las autoridades evaluaron ampliar el alcance supervisor del Banco Central, incluida una posible transferencia de la supervisión de los fondos de inversión actualmente en manos del regulador de valores. En conjunto, estos desarrollos apuntaron a una doble transformación del sistema financiero brasileño: condiciones monetarias más laxas combinadas con un mayor control institucional.

 

Para los mercados cripto, las implicancias fueron moderadas pero relevantes. En el corto plazo, tasas más bajas podrían debilitar las monedas locales y comprimir los rendimientos reales, incentivando la migración de capital hacia Bitcoin —que volvió a perfilarse como un punto de reentrada relevante— o, alternativamente, hacia las stablecoins más líquidas. En el mediano plazo, sin embargo, un mayor control regulatorio podría redefinir la estructura de los flujos cripto, acelerando la adopción institucional y aumentando la presión sobre los canales descentralizados y offshore.

 

Colombia puso de relieve otra dimensión de la evolución cripto en la región. Informes recientes sobre el creciente uso de criptomonedas en flujos financieros ilícitos subrayaron la tensión persistente entre innovación y regulación. A medida que los activos digitales se integran más profundamente en la actividad económica, es probable que los gobiernos de América Latina intensifiquen sus esfuerzos regulatorios, no solo para combatir el crimen financiero, sino también para reafirmar el control sobre los sistemas monetarios y financieros. Esta trayectoria sugiere un futuro bifurcado, en el que la expansión del cripto regulado e institucional coexistirá con una fricción política y legal creciente para los mercados sin permisos.

 

Más allá de los casos individuales, los impulsores estructurales de la adopción cripto en América Latina se volvieron cada vez más evidentes. La inflación persistente, la volatilidad cambiaria y los desequilibrios fiscales continuaron empujando a hogares, empresas e inversores hacia los activos digitales como reserva de valor y herramienta de movilidad de capital. Al mismo tiempo, el creciente interés institucional, desde empresas fintech hasta fondos de pensiones, indicó que el cripto está dejando gradualmente los márgenes del sistema financiero para acercarse a su núcleo.

 

La semana pasada, por lo tanto, ofreció menos una señal de precios y más una señal estratégica. La divergencia de políticas entre América Latina y Estados Unidos se está ampliando, los relatos regulatorios se están desplazando desde la innovación hacia la soberanía y la seguridad financiera, y el rol del cripto en la región está evolucionando de un activo especulativo a una cobertura sistémica. Esto ayuda a explicar por qué la resiliencia de Bitcoin estuvo respaldada no solo por las tendencias de liquidez global, sino también por una demanda estructural proveniente de los mercados latinoamericanos.

 

De cara al primer trimestre de 2026, el escenario base sugiere un entorno de risk-on controlado, en el que Bitcoin mantiene un sesgo alcista en un contexto de relajación monetaria regional, mientras que Ethereum y los activos de alta beta se benefician de manera selectiva de repuntes impulsados por la liquidez. Un escenario más optimista podría materializarse si la incertidumbre política y una flexibilización monetaria más agresiva aceleran los flujos de capital hacia Bitcoin como cobertura macroeconómica. Por el contrario, un escenario bajista estaría probablemente asociado a shocks regulatorios abruptos que compriman la liquidez, especialmente en el segmento de altcoins.

 

Para los inversores institucionales y estratégicos, las implicancias son cada vez más claras. Bitcoin continúa siendo la principal cobertura macroeconómica en carteras con exposición a América Latina; Ethereum representa un activo táctico de crecimiento sensible a los ciclos de liquidez global; y las stablecoins están evolucionando hacia una infraestructura financiera crítica, más allá de su función como instrumentos de trading. En contraste, las altcoins de alta beta deberían considerarse exposiciones cíclicas y no asignaciones estructurales.

 

En última instancia, los acontecimientos de finales de enero no alteraron de forma sustancial los precios del mercado cripto, pero sí clarificaron su trayectoria. América Latina está entrando en una fase en la que la relajación monetaria, el endurecimiento regulatorio y la incertidumbre geopolítica acelerarán simultáneamente la adopción cripto y redefinirán su estructura de mercado. Para las empresas y los actores institucionales, la pregunta central ya no es si el cripto se expandirá en la región, sino con qué rapidez se integrará en la arquitectura financiera latinoamericana y cómo posicionarse estratégicamente antes de que esa transición se complete.

 

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