Trabajo y Liderazgo: Por qué nos paralizan las conversaciones difíciles (y cómo enfrentarlas mejor)

Te invito a esta reflexión porque quizás estás frente a una conversación crucial.

Por Lina Zubiria

Lic. Recursos Humanos, magister en dirección de empresas y coach ejecutiva

 

Si pensaras en una conversación que la tenés en ‘pausa’, que la estás postergando o que simplemente ya decidiste huirle a la posibilidad de tenerla… ¿Qué características tienen? ¿Con quién te está pasando? ¿Qué sentís? Te invito a esta reflexión porque quizás estás frente a una conversación crucial. 

 

Una conversación crucial se distingue de cualquier otra, cuando la misma se da en contextos complejos, aborda problemas difíciles, donde las opiniones difieren o son opuestas, donde surgen emociones intensas y donde están en juego temas importantes para las personas involucradas.

 

El diseñar y habitar este tipo de conversaciones se ha convertido en algo crucial para las personas ya que las mismas potencian el rendimiento, la innovación y la armonía en los equipos o grupos de amigos, familias, etc.


El impacto que las mismas tienen en la dinámica de los grupos sociales y la calidad de los vínculos personales y profesionales nos habla de la importancia de ahondar en el tema.
No es fácil, pero no es imposible.

 


¿Cómo nos damos cuenta si estamos frente al desafío de una conversación crucial? Algunas pistas: muchas veces predomina quedarnos callados en la conversación o en el otro extremo algunos deciden la confrontación, la violencia verbal; o sino también están los otros que directamente deciden evadir la conversación. Todos los caminos, cualquiera sea la decisión, convergen en un único final: bloques en la comunicación, limitando el desempeño colectivo e impactando en el bienestar mental, físico y emocional de las personas.

 


Cómo verás, no hay ningún motivo entonces para no prepararse para enfrentar estas conversaciones; y el tener las herramientas correctas es fundamental ya que muchas veces pueden fallar estas conversaciones.

 


 ¿Por qué suelen fallar? Principalmente por tres cuestiones: el afán de ganar, que lleva a imponer posturas; la revancha, que desvía el foco hacia “tener razón” y la búsqueda de seguridad, que motiva a evitar el conflicto y callar.

 


Estas reacciones, muchas veces automáticas, están ligadas a patrones biológicos como huir o atacar y tienen como consecuencia el deterioro de los vínculos y la falta de acuerdos claros.

 

Aprender a diseñar y habitar conversaciones cruciales no solo mejora la productividad, sino que también fortalece las relaciones, reduce el estrés y genera un clima laboral más colaborativo y saludable.

 

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