Oracle pierde la confianza de los inversores en Wall Street tras su megaacuerdo con OpenAI
La tecnológica apostó todo a convertirse en el proveedor clave de la IA más famosa del mundo, pero el mercado no compra la estrategia. La dependencia extrema de un solo cliente, el alto endeudamiento y el gasto récord en infraestructura encendieron todas las alarmas.
Por Eric Nesich
Periodista especializado en Economía y Finanzas
Desde que Oracle anunció su acuerdo de 300.000 millones de dólares con OpenAI el 10 de septiembre, sus acciones se hicieron trizas: la compañía ya perdió 315.000 millones en capitalización, según Financial Times. La jugada fue total: atar su futuro casi por completo al laboratorio de IA más valioso del planeta. Pero los inversores no están convencidos y eso se siente en el precio.
La foto es clara. Oracle tiene hoy el 58% de su cartera de pedidos futuros concentrada en un único cliente: OpenAI. Para comparar, Microsoft apenas llega al 39% con su mayor cliente, y Amazon al 16%. La promesa es enorme, pero el nivel de dependencia deja al gigante de Larry Ellison en una situación delicada.
El plan oficial apunta a escalar su negocio de computación en la nube hasta los 166.000 millones de dólares para 2030, con un presupuesto de inversión que este año trepa a 35.000 millones y que, según analistas, podría estabilizarse cerca de los 80.000 millones anuales hacia 2029. El problema: gran parte de esos ingresos futuros llegarían recién desde 2027 y casi todos por la vía de OpenAI.
La compañía está financiando con deuda una infraestructura colosal para sostener a un solo inquilino que todavía debe demostrar su viabilidad comercial a largo plazo. Y el contagio es real: Broadcom y Amazon también vieron caer sus acciones tras anunciar acuerdos con OpenAI. El “efecto halo” que antes hacía subir a cualquier aliado del unicornio de Sam Altman parece haberse apagado por completo.
Entre los analistas crece la idea de que la carrera por la AGI había posicionado a Oracle como el único proveedor capaz de escalar al ritmo frenético que pedía OpenAI. Pero la realidad alternativa es menos amable: Microsoft, Amazon o Meta pueden quemar entre 70.000 y 130.000 millones al año en infraestructura; Oracle, no. Y por eso la apuesta luce más arriesgada que ambiciosa.
La empresa tiene tiempo hasta mediados de 2026 para demostrar que su mega centro de datos en Abilene, Texas —con capacidad para más de 400.000 GPUs y 1,4 gigavatios de potencia— puede generar los retornos prometidos. Por ahora, el mercado espera señales concretas. Y, mientras tanto, la desconfianza cotiza cada día un poco más alto.
