Conurbano: crece la presión sobre las tasas municipales y la morosidad empieza a ser un problema fiscal
Mientras la mora de las familias bonaerenses alcanza al 20,17%, los municipios dependen cada vez más de las tasas sobre inmuebles para sostener sus cuentas. En algunos distritos aparecen señales de dificultades de cobro, descuentos para contribuyentes cumplidores y planes para recuperar deuda atrasada.
Por Eric Nesich
Periodista especializado en Economía y Finanzas
La crisis de ingresos de los hogares bonaerenses tiene una dimensión de la que se habla bastante menos que de la morosidad bancaria: la deuda con los municipios.
Mientras las familias acumulan atrasos en tarjetas de crédito, préstamos y otros compromisos financieros, las administraciones del Conurbano enfrentan otro problema potencialmente delicado: conseguir que los contribuyentes sigan pagando las tasas que gravan sus propiedades.
El fenómeno no es sencillo de medir. A diferencia de lo que ocurre con la deuda bancaria, no existe un indicador homogéneo y actualizado que permita comparar la cobrabilidad de la Tasa por Servicios Generales (TSG), el ABL o sus equivalentes entre todos los municipios bonaerenses. Cada administración publica la información con distinto nivel de detalle y bajo diferentes criterios contables.
Sin embargo, los datos disponibles muestran señales que merecen atención.
La mora de las familias ya es elevada
El punto de partida es la situación financiera de los hogares. Según un relevamiento elaborado a partir de datos de la Central de Deudores del Banco Central, la tasa de morosidad en la provincia de Buenos Aires alcanza el 20,17%. Hay alrededor de 1,84 millones de bonaerenses en situación de mora y una deuda atrasada de $6,49 billones.
El promedio provincial, además, oculta fuertes diferencias dentro del Conurbano. Algunos municipios registran tasas de mora superiores al 30%, mientras que otros se ubican por encima del promedio bonaerense.
El problema es que subir la boleta no garantiza cobrarla
Los municipios tienen una herramienta que otros niveles del Estado no poseen con la misma facilidad: pueden actualizar sus tasas y modificar las estructuras tributarias locales.
En 2026 varios distritos aplicaron aumentos significativos. En Morón, por ejemplo, las tasas municipales llegaron a incrementarse hasta un 30%, mientras que la Tasa por Servicios Generales tuvo un esquema de aumentos escalonados durante el año.
Pero una cosa es aumentar el monto liquidado y otra muy diferente es aumentar la recaudación efectiva. La diferencia es fundamental. Si un municipio duplica una tasa pero una parte creciente de los contribuyentes deja de pagarla, la mejora nominal de los recursos puede ser mucho menor de lo esperado.
Incluso puede generarse un círculo difícil de romper: mayores tasas, mayor deuda acumulada, más moratorias, quitas de intereses para recuperar contribuyentes y, finalmente, una base de contribuyentes que aprende que puede postergar el pago hasta que aparezca un plan de regularización.
Morón muestra una señal particularmente fuerte
Uno de los casos más llamativos aparece en Morón, donde información difundida durante el debate presupuestario señala una cobrabilidad de la TSG cercana al 61% sobre unas 144.000 partidas.
El dato debe interpretarse con cautela porque cobrabilidad y cantidad de partidas completamente al día no son exactamente lo mismo. Pero el mismo relevamiento indica que alrededor de 30.200 partidas estaban completamente al día, una proporción cercana al 21%.
Es decir, aun cuando la recaudación efectiva pueda ser superior a la cantidad de contribuyentes que están absolutamente al día —por pagos parciales o regularizaciones—, la fotografía muestra una masa importante de inmuebles con algún grado de atraso.
El municipio, mientras tanto, busca incentivar el cumplimiento: para 2026 ofreció un descuento del 15% a quienes cancelaran anticipadamente el año completo.
La Matanza: una brecha que llama la atención
La Matanza ofrece otro indicador interesante porque dispone de información de ejecución presupuestaria.
En 2025, la Tasa por Servicios Generales registró una recaudación efectiva del ejercicio corriente de alrededor de $54.300 millones, mientras que también se registraron ingresos por unos $3.700 millones correspondientes a ejercicios anteriores.
La comparación entre el crédito presupuestario vigente y lo efectivamente percibido debe hacerse con cuidado: no puede traducirse directamente en un porcentaje de vecinos morosos porque intervienen modificaciones presupuestarias, distintos conceptos y criterios contables.
Pero la brecha muestra algo relevante: el monto que el municipio incorpora a sus cuentas como recurso potencial y el dinero que finalmente ingresa a caja no son necesariamente equivalentes.
Para 2026, además, La Matanza lanzó una batería de incentivos al pago: 10% de descuento por débito automático, otro 10% por pago anual anticipado y una bonificación del 50% en las cuotas 5 y 6 para quienes no registraran deuda en determinados períodos.
Cuando una administración ofrece simultáneamente descuentos por pago anticipado y beneficios especiales para quienes permanecieron al día, el mensaje fiscal es evidente: la cobranza efectiva importa tanto como la determinación del tributo.
El caso de Avellaneda
Avellaneda también profundizó sus mecanismos de recaudación y de incentivo al pago. La Municipalidad dispone de un sistema de Gestión Tributaria para la emisión y actualización de boletas y trámites vinculados con las tasas.
El municipio viene utilizando además incentivos para quienes cancelan anticipadamente determinados tributos. En el caso de la Tasa General de Inmuebles, por ejemplo, se ofrecieron bonificaciones sobre el pago anual.
El fenómeno genera una paradoja para los intendentes.
Aumentar las tasas puede parecer una salida lógica cuando los municipios necesitan más recursos. Pero si el aumento supera la capacidad de pago de una parte importante de los contribuyentes, la administración puede terminar generando una cartera cada vez mayor de deuda tributaria.
Esto genera una situación paradójica: tasas cada vez más altas, pero una proporción creciente de vecinos que posterga el pago y espera una moratoria para regularizar.
En un Conurbano donde uno de cada cinco deudores bonaerenses ya aparece en mora en el sistema financiero, la capacidad de los hogares para absorber nuevas obligaciones tributarias puede convertirse en uno de los próximos problemas fiscales que todavía no aparece plenamente reflejado en las estadísticas
