Caputo y Adorni endurecen el discurso y cruzan a los textiles por precios y protección
En medio de la apertura de importaciones, el Gobierno salió fuerte a cuestionar al sector. Caputo habló de “robo” en los precios y Adorni negó que abrir el mercado implique perder empleo. La industria, en alerta por cierres y despidos.
Por Eric Nesich
Periodista especializado en Economía y Finanzas
Mientras la industria textil argentina sigue levantando la voz contra la apertura comercial que impulsa el Gobierno, dos figuras clave del oficialismo salieron a contestar sin rodeos. El ministro de Economía, Luis Caputo, y el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, apuntaron directo a los empresarios del rubro, cuestionaron los precios y pusieron en duda el argumento de la pérdida de empleo.
El primero en encender la mecha fue Caputo. Consultado por la fuerte recesión que atraviesa el sector, no se guardó nada: dijo que nunca compró ropa en la Argentina porque, según él, era carísima en comparación con el resto del mundo. Para el ministro, el textil es un caso testigo de una actividad que estuvo protegida durante años, mientras los consumidores terminaron pagando remeras, jeans y zapatillas a valores que multiplican los precios internacionales.
Horas después, Adorni recogió el guante en una entrevista televisiva y fue todavía más a fondo. Frente a las advertencias de los empresarios sobre despidos si siguen entrando productos importados, planteó un ejemplo simple: si un jean cuesta 100 dólares en el país y traerlo de afuera sale 25, no queda claro —según su mirada— dónde se destruye el empleo. La frase dejó un silencio incómodo en el estudio y marcó el tono de la discusión.
En ese contexto, también hubo una referencia indirecta a la pelea con Techint por la licitación de caños para un gasoducto. El mensaje fue el mismo: no se trata de sostener empresas a cualquier precio, sino de buscar costos más bajos y mayor competencia.
Del otro lado del mostrador, los números del sector muestran un panorama complicado. Las estadísticas hablan de entre 16.000 y 17.700 puestos de trabajo registrados perdidos en la cadena textil e indumentaria, lo que representa una caída de hasta el 15% del empleo total. Además, más de 500 empresas cerraron o dejaron de operar formalmente en los últimos meses.
El cruce deja en evidencia una tensión de fondo: el Gobierno apuesta a precios más bajos y mayor competencia, mientras la industria advierte por el impacto social y productivo. Por ahora, ninguna de las dos partes parece dispuesta a aflojar, y el debate promete seguir escalando en un sector que ya venía golpeado.
