Bioceres: sus acciones se derrumbaron un 32% y quedó al borde de la quiebra

La biotech rosarina pasó de ser emblema del agro innovador a quedar al borde del abismo. Acciones desplomadas en Wall Street, deudas impagas y una reconfiguración societaria que dejó a la empresa local casi sin oxígeno.

Por Eric Nesich

Periodista especializado en Economía y Finanzas

Hace 4 horas

 

 

Bioceres, la compañía rosarina que supo mostrarse como uno de los pocos unicornios argentinos, atraviesa su momento más crítico. Bioceres Crop Solutions (BIOX), la firma biotecnológica que llevó al Nasdaq desarrollos como el trigo HB4 resistente a la sequía, vio cómo sus acciones se desplomaron cerca de un 90% en Wall Street. De tocar los 6,55 dólares a principios del año pasado, hoy rondan apenas los 0,58 cvs de dólar.

 

El golpe no pasó desapercibido en Rosario. La Bolsa de Comercio de Rosario decidió vender las acciones de BIOX que había comprado como gesto de respaldo cuando la empresa debutó en el mercado tecnológico estadounidense. El monto no mueve la aguja, pero el mensaje simbólico fue contundente. Como si fuera poco, Bioceres SA enfrentó un pedido de embargo de cuentas bancarias por una deuda superior a los 100 mil dólares, y los bancos informaron que solo había fondos por unos 500 mil pesos.

 

Desde el grupo aseguran que Bioceres SA ya no tiene relación comercial ni financiera con BIOX. Sin embargo, la empresa madre no logra despegarse de sus propios problemas: está en concurso de acreedores, con un pedido de quiebra en ciernes que podría terminar en un juzgado rosarino y derivar incluso en causas penales.

 

El conflicto se agravó cuando una sociedad offshore, Draco Latam SPC Ltd, reclamó judicialmente el cobro de un pagaré vencido. Al intentar embargar cuentas en bancos locales, se encontró con saldos casi inexistentes. Todo esto mientras Bioceres arrastra deudas millonarias con entidades financieras, pagarés bursátiles en el mercado local y compromisos con inversores y proveedores.

 

Detrás del derrumbe aparece una trama societaria cada vez más enredada. En los últimos años, el grupo pasó de ser un proyecto liderado por productores argentinos a un entramado global con fuerte separación entre la operación local y la internacional. BIOX quedó como el brazo global, mientras Bioceres SA fue perdiendo peso, control y activos.

 

La reestructuración incluyó fusiones, escisiones y la creación de nuevas compañías en el exterior, como Moolec Science, que absorbió los activos más valiosos del grupo bajo estructuras radicadas fuera del país. Así, la empresa argentina quedó reducida a una participación minoritaria y sin control del directorio.

Hoy, Bioceres SA camina por la cornisa. La deuda ronda los 45 millones de dólares y el problema central no fue la tecnología, sino el descalce financiero y la falta de caja. Mientras tanto, BIOX intenta recomponerse en Wall Street, presentándose como una firma global, aunque buena parte de su corazón productivo siga latiendo en Rosario. El final todavía está abierto, pero el símbolo de aquel unicornio argentino ya quedó seriamente dañado.

 

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