El Estado recortó el gasto en un 10,2% en agosto, pero el costo financiero de la deuda devoró el ahorro fiscal
Si bien se redujó el gasto de la Administración Pública Nacional más del 10% el resultado final no fue óptimo debido a los costos financieros.
Por Eric Nesich
Periodista especializado en Economía y Finanzas
El gobierno de Javier Milei profundizó la motosierra sobre el gasto público durante agosto, pero el esfuerzo fiscal quedó neutralizado por el aluvión de intereses de la deuda. Según datos de la Asociación Argentina de Presupuesto (ASAP), el gasto primario de la Administración Pública Nacional se contrajo un 10,2% interanual en términos reales, el mayor recorte mensual del año en lo que va del 2026.
Sin embargo, el resultado financiero final arrojó un déficit de 690.000 millones de pesos. El motivo: los intereses de la deuda treparon un 60,5% interanual hasta los 2,5 billones de pesos, un incremento de 1,36 billones que terminó de licuar cualquier esfuerzo de ajuste. La foto de agosto muestra una paradoja clara: el Estado gastó menos en todo, pero pagó mucho más por su deuda.
El recorte del gasto no fue homogéneo. Las transferencias a las provincias fueron las más castigadas, con una caída real del 86,1% interanual en agosto, acumulando una baja del 64,6% en lo que va del año. Ese desplome explica por qué los gobernadores, incluso los más alineados con la Casa Rosada, comenzaron a quejarse en público por la falta de fondos. Las provincias, que tradicionalmente recibían transferencias discrecionales para financiar obra pública y gastos corrientes, vieron seca la canilla en un contexto de caída de la recaudación local.
Las jubilaciones y pensiones cayeron un 10,1%, mientras que los salarios públicos se redujeron un 7,9% y las partidas de bienes y servicios para el funcionamiento estatal se desplomaron un 24,3%. El gasto en personal, que representa una de las partidas más rígidas del presupuesto, mostró una contracción real inusual, reflejando la decisión oficial de no actualizar salarios al ritmo de la inflación. Las universidades también sintieron el impacto, con una baja real del 1,1% en el mes y una contracción acumulada del 12,7% en los primeros ocho meses.
En el acumulado de enero a agosto, el superávit primario alcanza los 15,3 billones de pesos y el financiero los 3,1 billones. La ASAP advirtió que, si se aplicara un criterio contable convencional, el resultado financiero acumulado sería deficitario, ya que los datos oficiales no reflejan los intereses capitalizables de las LECAP y BONCAP. Esa observación técnica es clave: el superávit financiero que el Gobierno muestra con orgullo existe solo porque una parte de los intereses de la deuda no se paga en efectivo, sino que se capitaliza, es decir, se agrega al capital adeudado.
El desafío que enfrenta el equipo de Luis Caputo es doble: por un lado, sostener el ajuste del gasto en un año electoral, cuando la presión social y política para aliviar el bolsillo de los argentinos será cada vez mayor. Por el otro, evitar que el crecimiento de los intereses termine de licuar el superávit fiscal y obligue al Gobierno a emitir deuda para pagar deuda, un círculo vicioso que ya tuvo consecuencias nefastas en el pasado. La motosierra sigue girando, pero el ruido de los intereses comienza a ahogar su sonido.
