Ni refugio ni resguardo: el oro y la plata caen por la tensión global
En medio del conflicto en Medio Oriente, los metales preciosos no reaccionan como se esperaba y profundizan una baja que desconcierta a los inversores.
Por Eric Nesich
Periodista especializado en Economía y Finanzas
En un escenario internacional cargado de incertidumbre, donde lo lógico sería ver al oro y la plata ganar protagonismo como activos de refugio, está pasando exactamente lo contrario. Este jueves, ambos metales profundizan su tendencia bajista y acumulan varios días seguidos en rojo.
En el mercado spot, el oro retrocede cerca de un 2% y se ubica en torno a los 4.700 dólares la onza. Si se mira el mercado de futuros, la caída es todavía más marcada, acercándose al 4%. La plata, en tanto, muestra un golpe aún más fuerte: pierde más de 5% en contado y hasta 7% en contratos a futuro, cerrando una semana claramente negativa.
Lo llamativo del movimiento es el contexto. Con una guerra en curso que involucra a potencias como Estados Unidos, Israel e Irán, lo habitual sería que los inversores corran hacia activos considerados seguros. Sin embargo, esta vez los metales preciosos no están captando ese flujo.
Esta falta de reacción deja en evidencia que, al menos por ahora, el factor geopolítico no está alcanzando para sostener los precios.
Qué está empujando la baja
Detrás de este comportamiento hay varias explicaciones. Una de las principales es el fortalecimiento global del dólar, que suele jugar en contra de los commodities. A eso se suma la suba en los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense, que vuelven más atractivas otras alternativas de inversión.
También pesa la expectativa de que la Reserva Federal de Estados Unidos mantenga una política monetaria más dura, lo que reduce el atractivo de activos que no generan rendimientos, como el oro.
En paralelo, desde Kingswood Group señalan que muchos inversores están desarmando posiciones incluso en activos considerados seguros para hacerse de liquidez. Es decir, venden oro o plata para cubrir otras necesidades o aprovechar oportunidades en mercados más volátiles.
A este combo se le agregan cuestiones logísticas. Las restricciones en rutas aéreas y marítimas por el conflicto están complicando el traslado físico del oro, lo que encarece las operaciones y suma presión sobre la demanda.
Otro dato que sigue de cerca el mercado es la falta de interés en instrumentos respaldados por oro físico, como los ETF. Incluso con precios más bajos, no se ve una entrada fuerte de capitales, algo que suele marcar el pulso del apetito inversor.
Hacia adelante, los analistas coinciden en que el oro podría recuperar su rol de refugio si el escenario global empeora y aumenta el estrés financiero. Es decir, si la crisis escala a un nivel más profundo, es probable que vuelva a ser una opción buscada.
En el caso de la plata, el panorama es más incierto. A diferencia del oro, su comportamiento está más atado al ciclo económico y a la actividad industrial, por lo que su recuperación podría tardar más en llegar.
Por ahora, el mercado parece estar en modo cautela, priorizando liquidez y alternativas de corto plazo antes que refugios tradicionales. Una dinámica que rompe con la lógica de otras crisis y deja en claro que el contexto actual tiene condimentos propios.
