Menos inflación, más competencia: qué deberán hacer las pymes para crecer en 2027
La facturación, por sí sola, ya no será suficiente para evaluar el desempeño de una empresa: habrá que entender cuánto valor genera por cada peso invertido.
Por Agustín Remondino
Director de AR Grupo Consultor
La baja de la inflación prevista para el año que viene obliga a trabajar sobre cinco variables fundamentales: rentabilidad, productividad, caja, inversión y mercado. Proyectar ventas será importante, pero también habrá que anticipar márgenes, capital de trabajo, necesidades financieras, estructura, capacidad productiva y retorno de las inversiones. La facturación, por sí sola, ya no será suficiente para evaluar el desempeño de una empresa: habrá que entender cuánto valor genera por cada peso invertido.
También cambiará la relación con los costos. La inflación ya no podrá funcionar como una respuesta automática frente a una estructura ineficiente. No todo aumento de costos podrá trasladarse al cliente y, en algunos casos, será necesario revisar gastos, procesos y estructuras. Esa diferencia puede terminar separando a las empresas que se limitan a actualizar precios de aquellas que gestionan sus recursos con mayor eficiencia.
En este escenario, la información tendrá cada vez más peso frente a la intuición. Las PyMEs necesitarán conocer con precisión qué productos son rentables, qué clientes generan valor, qué procesos deterioran sus márgenes, cuánto capital permanece inmovilizado y qué inversiones ofrecen un retorno razonable. La profesionalización dejará de ser una cuestión vinculada exclusivamente con el tamaño de la empresa para convertirse en una condición cada vez más importante para competir.
Por eso, el Presupuesto 2027 puede terminar siendo más relevante para las empresas por el escenario que plantea que por los números que contiene. Si la Argentina logra avanzar hacia una menor inflación, equilibrio fiscal, crecimiento, mayor acceso al crédito, inversión y una economía más integrada al mundo, el desafío para muchas compañías dejará de concentrarse exclusivamente en estabilizarse y comenzará a trasladarse hacia la competitividad.
Ese cambio también puede profundizar las diferencias entre empresas. Algunas podrán crecer a partir de la inversión, la profesionalización y las mejoras de productividad; otras, en cambio, correrán el riesgo de perder mercado si mantienen estructuras diseñadas para funcionar en condiciones económicas diferentes.
Las empresas, por lo tanto, tendrán que prepararse para aprovechar una eventual mejora del escenario. El 2027 no necesariamente favorecerá a quienes mejor hayan aprendido a sobrevivir a la incertidumbre, sino a quienes lleguen mejor preparados para competir.
La Argentina puede estar entrando en una etapa en la que la inflación deje progresivamente de definir buena parte de las decisiones empresariales. Para una PyME, planificar 2027 no debería significar simplemente elaborar un presupuesto y guardarlo en un cajón, sino tomar decisiones desde ahora sobre qué estructura necesita, dónde invertir, qué mejorar y qué lugar pretende ocupar si las reglas de juego efectivamente cambian.
Porque si la economía comienza a normalizarse, también cambiarán las condiciones bajo las cuales compiten las empresas. En ese escenario, la próxima ventaja competitiva probablemente no esté en quién remarca más rápido, sino en quién logra producir mejor, tomar decisiones a tiempo, asignar mejor sus inversiones y competir con mayor eficiencia.
