El boom del QR en Latam, con Argentina como protagonista: menos costos para comercios y personas frente al pago con tarjetas
El país lidera la región con el 84% de las personas pagando, en locales, con su celular con QR. Esta tecnología reduce intermediarios, permite cobros inmediatos y facilita a los usuarios los pagos en el exterior.
Por redacción
El código QR ganó un lugar central entre los medios de pago utilizados en América Latina. En Argentina, el 84% de las personas que pagan en comercios con un dispositivo móvil indicó que habitualmente lo hace mediante esta tecnología, el porcentaje más alto de la región. Le siguen Colombia, con el 76%; Perú, con el 71%; y Brasil, con el 66%, según el Global Payments Report 2026 de Worldpay, elaborado a partir de una encuesta a más de 63.000 consumidores de 42 mercados.
La expansión se apoya en sistemas nacionales y aplicaciones que ya forman parte de la vida cotidiana, como Pix en Brasil, Yape en Perú, Nequi en Colombia o Mercado Pago en la Argentina. Para el usuario, los pasos son los mismos: abrir una aplicación, escanear y confirmar, aunque detrás conviven distintas redes, monedas y normativas.
El avance de los pagos con QR de cuenta a cuenta ofrece a los comercios una diferencia concreta frente a los circuitos internacionales de tarjetas. Mientras estos suelen involucrar al banco emisor, el adquirente, el procesador y la red, una transferencia directa acorta esa cadena. Menos participantes conllevan costos operativos menores y una acreditación más rápida.
En determinados mercados, el costo de recibir estos pagos puede ser hasta cinco veces menor al de una tarjeta internacional, de acuerdo con cifras del sector. La diferencia varía según el país, la entidad y las condiciones comerciales, pero cobra especial relevancia para pequeños negocios ubicados en destinos turísticos o zonas fronterizas, donde una parte de las ventas depende de visitantes extranjeros.
“Para un comercio, cobrarle a un turista suele implicar costos y plazos distintos de los que enfrenta en una venta local. Los pagos de cuenta a cuenta permiten simplificar ese recorrido y recibir la moneda local de forma inmediata. La tecnología tiene que resolver la complejidad por detrás, sin agregar pasos en la caja”, señaló Federico Testoni, COO y cofundador de Depay.
Quien viaja también se beneficia. En los esquemas interoperables, la persona puede escanear el QR desde la aplicación de su banco o billetera habitual, ver el importe antes de autorizar la compra y pagar con los fondos disponibles en su cuenta. El comercio recibe el dinero en su propia moneda, sin que ninguna de las partes necesite abrir una cuenta en el otro país.
Pagos transfronterizos: los beneficios del QR frente a las tarjetas
Como referencia, Depay estima que las comisiones vinculadas con la conversión pueden rondar, en promedio, el 8% en pagos realizados con tarjetas internacionales y el 2,5% cuando la operación se procesa mediante QR. Los porcentajes pueden cambiar de acuerdo con el mercado y el proveedor, pero muestran el peso que adquieren el tipo de cambio y los intermediarios en una compra transfronteriza.
El QR también reduce algunos riesgos propios del viaje, al evitar la necesidad de llevar grandes cantidades de efectivo y disminuye la necesidad de entregar o exponer los datos de una tarjeta física. Eso no convierte al código en una tecnología inmune al fraude. La autenticación desde la aplicación, el monitoreo de la operación y el cumplimiento regulatorio siguen siendo necesarios, especialmente cuando la transferencia se acredita en segundos.
“Los pagos de cuenta a cuenta ya superaron a las tarjetas en algunos mercados de la región. El siguiente paso es conectar esos sistemas para que la eficiencia que existe dentro de cada país también funcione cuando una persona cruza una frontera. El usuario mantiene su banco o billetera; el comercio cobra en moneda local y ocurre en el momento”, explicó Joaquín Fagalde, CEO y cofundador de Depay.
La posibilidad de pagar digitalmente también ofrece una alternativa en una región donde el efectivo conserva un peso considerable. Durante 2025 representó el 23% del valor de las compras presenciales en América Latina, frente al 14% global. Su participación fue del 17% en la Argentina y alcanzó niveles mayores en Perú, con el 30%, y Colombia, con el 32%.
