La mejora crediticia abre una nueva etapa para la economía argentina
La suba de calificación otorgada por Fitch y S&P fortalece las perspectivas financieras del país, facilita el acceso al crédito externo y potencia inversiones por más de USD 149.000 millones, mientras la inflación sigue desacelerándose y el desafío pasa por reactivar el crédito, el empleo y la confianza en el peso.
Por Jorge Vasconcelos
La economía argentina enfrenta un segundo semestre clave, con el desafío de consolidar mejoras observadas en la primera mitad del año y corregir algunos de los principales focos de preocupación. Entre los aspectos positivos se destacan la recuperación de reservas del Banco Central, la desaceleración inflacionaria y el nuevo equilibrio entre tasas de interés y dólar vigente desde abril. Sin embargo, persisten tres problemas relevantes: el elevado riesgo país, el estancamiento del consumo y el empleo, y la escasa confianza en el peso. En este contexto, la reciente mejora de la calificación crediticia por parte de Fitch y S&P abre una ventana de oportunidad para fortalecer la estabilidad financiera.
La mejora de la nota soberana podría facilitar el acceso al financiamiento externo. Países con una calificación similar a la de Argentina (B-) logran emitir deuda a tasas cercanas al 8% anual, lo que permitiría afrontar vencimientos sin utilizar reservas internacionales. Además, el Gobierno negocia créditos con bancos privados respaldados por organismos como el Banco Mundial, el BID y la CAF por aproximadamente USD 4.000 millones, recursos que servirían para cubrir compromisos de julio y contribuir a una reducción adicional del riesgo país, que ya descendió por debajo de los 440 puntos básicos.
Las perspectivas de inversión también muestran un panorama favorable. Dentro del RIGI ya se aprobaron proyectos por USD 29.892 millones, mientras que otros USD 64.573 millones están en evaluación y existen iniciativas planificadas por USD 55.000 millones, totalizando USD 149.465 millones. El sector de hidrocarburos lidera con proyectos por USD 98.059 millones, seguido por cobre (USD 31.574 millones) y litio (USD 13.865 millones). El contexto internacional, marcado por la guerra en Ucrania y las tensiones en Medio Oriente, ha incrementado el valor estratégico de los recursos naturales argentinos.
S&P destacó avances en el frente fiscal y externo, aunque recordó que Argentina enfrenta el desafío de sostener estas mejoras en el tiempo tras décadas de bajo crecimiento. Entre los indicadores proyectados, la deuda neta sobre PIB bajaría de 70,1% en 2024 a 55,0% en 2027, mientras que las reservas utilizables aumentarían desde USD 17.383 millones hasta USD 35.352 millones en el mismo período.
La política monetaria aparece como un factor decisivo para la recuperación. Durante el primer semestre, el Banco Central compró dólares a un ritmo cercano a USD 100 millones diarios, pero los pesos emitidos fueron esterilizados, limitando la expansión del crédito. Para la segunda mitad del año se considera suficiente mantener compras promedio de USD 50 millones diarios, equivalentes a unos USD 6.600 millones en el semestre. Esto permitiría cumplir holgadamente la meta de acumulación de reservas y, al mismo tiempo, favorecer una mayor disponibilidad de crédito para el sector privado.
La inflación continúa mostrando señales alentadoras. Tras alcanzar un pico de 3,4% mensual en marzo, la inflación núcleo se redujo a 1,9% en mayo, mientras que las tasas de interés de corto plazo se mantuvieron entre 20% y 25% anual. La desaceleración de los precios se logró sin recurrir a una suba adicional de tasas, lo que mejora las perspectivas para la recuperación del crédito y la actividad económica.
En el plano productivo, los sectores vinculados a recursos naturales continúan liderando el crecimiento. Agro, minería e hidrocarburos representan 15% del PIB y 64% de las exportaciones, mientras que las inversiones en petróleo y gas crecerían alrededor de 20% interanual. Dentro de la industria manufacturera, algunos rubros lograron avances significativos desde abril de 2024: productos químicos crecieron 17%, minerales no metálicos 20,4%, refinación de petróleo y madera-papel cerca de 9,5%, y alimentos 5,6%. No obstante, sectores como automotores, textiles, prendas de vestir, maquinaria e industrias metálicas aún muestran caídas de entre 5% y 10%, reflejando la necesidad de una profunda reconversión productiva acompañada por mayor crédito y una reducción de los impuestos distorsivos.
