Cuánto se cobra de jubilación en Argentina y cómo cubrir la diferencia
En Argentina, los aportes de quienes trabajan no se guardan en una cuenta propia, sino que pagan las jubilaciones de quienes ya están retirados. Y esos aportes no alcanzan.
Por Ariel Mamani
Inversor - Asesor - Fundador de InverArg
Para la mayoría de los trabajadores argentinos, la jubilación es un tema que se piensa tarde. Y cuando finalmente se hacen las cuentas, aparece una sorpresa, porque aun con un buen ingreso mensual y todos los aportes en regla, la jubilación queda bastante por debajo de lo que se cobra mientras se trabaja. Pero las preguntas que surgen son: ¿cuánto voy a cobrar? O, más importante aún, ¿voy a poder cobrar mi jubilación?
En Argentina, los aportes de quienes trabajan no se guardan en una cuenta propia, sino que pagan las jubilaciones de quienes ya están retirados. Y esos aportes no alcanzan. Usualmente, se considera que hacen falta 3 empleados activos por cada jubilado para que el sistema se sostenga. Pero, según los datos de ANSES, a comienzos de 2025 había alrededor de 1,8 trabajadores activos por jubilado. En otras palabras, en la actualidad no alcanzan los aportes jubilatorios para mantener el sistema. Ese faltante se compensa con impuestos.
Una causa es la informalidad. Según la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del INDEC, en el segundo trimestre de 2026 el 45% de los trabajadores estaba en la informalidad: casi 4 de cada 10 asalariados y 2 de cada 3 cuentapropistas. Quien trabaja en negro no aporta ni suma años para su propia jubilación.
La otra son las moratorias. Alrededor de 6 de cada 10 jubilados actuales accedieron por moratoria, sin completar los 30 años de aportes. La última venció en marzo de 2025 y no se renovó. Por eso, para quien llega a los 65 años sin aportes, en la mayoría de los casos queda la PUAM (Pensión Universal para el Adulto Mayor), que paga el 80% de la jubilación mínima, cerca de $350.000 actualmente.
Cuánto se cobra con 30 años de aportes
Para jubilarse hacen falta 30 años de aportes y 65 años de edad en los varones o 60 en las mujeres. El monto tiene dos partes. Una es igual para todos, la PBU (Prestación Básica Universal), de alrededor de $200.000 en octubre. La otra equivale al 1,5% por cada año con aportes sobre el promedio de los sueldos de los últimos 10 años, que se actualizan para que la inflación no los achique.
Es decir, con 30 años de aportes corresponde el 45% de ese promedio (30 multiplicado por 1,5%, nos da 45%). Para un empleado con un sueldo bruto de $2.000.000, son $900.000 que, sumados a la PBU, dan una jubilación de alrededor de $1.100.000 brutos. Mientras trabaja, le descuentan 11% para jubilación, 3% para PAMI y 3% para obra social (Secretaría de Trabajo), y cobra en mano cerca de $1.660.000. Al jubilarse, la diferencia supera los $550.000 por mes.
El monotributista está peor. Quien factura los mismos $2.000.000 por mes entra en la categoría C, con un aporte jubilatorio de unos $22.000 mensuales, diez veces menos que los $220.000 del empleado, aunque el ingreso mensual de ambos es el mismo (2 millones). Por lo que, durante su época en actividad, el monotributista tiene mayor ganancia, porque paga menos aportes.
Sin embargo, el aporte del monotributista solo da derecho a la PBU, que se completa hasta la jubilación mínima, de alrededor de $436.000 en octubre. Con la misma facturación, se jubilaría con menos de la mitad que el empleado en relación de dependencia.
Cómo cubrir la diferencia
Para saber cuánto juntar existe la regla del 25, que multiplica por 25 el ingreso anual que se quiere sumar. Surge de estudios académicos que mostraron que retirar alrededor del 4% por año de un capital invertido alcanzó, históricamente, para más de 30 años. En el ejemplo, $560.000 por mes son $6.720.000 al año, y por 25 da alrededor de $168 millones, en pesos de hoy.
Si faltan 20 años y ese dinero se guarda sin invertir, habría que separar $700.000 por mes (168 millones dividido 240 meses). Si, en cambio, rindiera cerca de 10% anual en dólares, alcanzaría con alrededor de $235.000 mensuales. Es una cuenta orientativa, que no contempla años malos, pero muestra cuánto pesa invertir frente a solo guardar.
Para plazos de más de 10 años, muchos ahorristas consideran el S&P 500, el índice de las 500 empresas más grandes de Estados Unidos, al que se puede acceder desde Argentina en pesos o en dólares. Desde 1928 rindió cerca de 10% anual en dólares.
Reflexión final
Las cuentas muestran que la jubilación del sistema va a cubrir solo una parte del ingreso actual, y una parte todavía menor para monotributistas e informales. Por eso, planificar el retiro no debería ser una preocupación exclusiva de quienes están cerca de jubilarse, sino una decisión que forme parte de nuestra educación financiera desde mucho antes.
El primer paso es entender cuánto podríamos cobrar y qué diferencia habría que cubrir para mantener nuestro nivel de vida. A partir de ahí, cada persona puede definir un objetivo de ahorro acorde a sus posibilidades, aunque al principio el monto sea pequeño. Lo importante es construir el hábito, revisar periódicamente el plan y, cuando sea posible, invertir esos ahorros de acuerdo con el plazo y el riesgo que cada uno esté dispuesto a asumir.
El tiempo juega a favor de quien empieza antes, porque permite que los rendimientos se acumulen y reduce el esfuerzo mensual necesario para alcanzar un objetivo. No se trata de tener grandes ingresos ni de encontrar una inversión que resuelva todo, sino de tomar decisiones informadas y sostenerlas en el tiempo. La jubilación puede parecer lejana, pero el margen para prepararla se construye con las decisiones que tomamos hoy.
