¿Prohibir despidos protege al empleado?

El Poder Ejecutivo Nacional extendió por un lado, la prohibición de los despidos sin causa justa por noventa días, y por otro, la doble indemnización con un tope de $500.000 por el resto del 2021.

Por Nahuel Lozano

Trader de análisis técnico - Experto en el Mercado de Capitales del IAMC

Este sábado 23 de enero, el Poder Ejecutivo Nacional, a través del DNU N° 39/2021, extendió por un lado, la prohibición de los despidos sin causa justa por noventa días, y por otro, la doble indemnización con un tope de $500.000 por el resto del 2021. Esta medida, no se aplica para las contrataciones de personal concertadas después del 13 de diciembre de 2019. Mientras los sindicatos festejan y agradecen la decisión del presidente al emitir el DNU, el empresariado critica la medida al verse imposibilitado de achicar el presupuesto salarial frente a la crisis económica.

 

El primer problema que se presenta al analizar este Decreto de Necesidad y Urgencia es que sólo retrasa el problema de los despidos y el desempleo sin intentar solucionarlo. Para expresarlo mediante una metáfora, podríamos decir que poner parches y vendas a una herida que necesita cirugía no cura al paciente. Se necesita trabajar en los problemas de base y no sólo en la capa superficial. Es lógico pensar que es una medida a favor de los trabajadores, ya que los protege del brusco recorte que precisan hacer las empresas, pero sería ingenuo creer que ese recorte no se vaya a producir de todas maneras al finalizar esta prohibición.

 

En una economía sana, el mercado laboral es tan flexible y dinámico que no desprotege a los trabajadores, ya que se vuelven a reinsertar en el mercado a una gran velocidad producto de las cualidades mencionadas. Es erróneo sostener que cuantas más restricciones tengan las empresas para despedir, más se protege el trabajo de los ciudadanos. Estas medidas restrictivas acaban por liquidar a las empresas que, producto de la pandemia y el mal momento económico del país, tienen muy pocas ventas y altos costos de personal. Por ejemplo, si una empresa que necesita despedir unos pocos empleados para estabilizar su relación costo – beneficio se ve imposibilitada de hacerlo esto podría llevarla a la quiebra, dejando sin trabajo a la totalidad de sus empleados. Para colmo de males, esos empleados no podrían volverse a insertar rápidamente en el mercado laboral ya que las empresas no están contratando personal por temor, precisamente, a no poder despedirlo sin fuera necesario.

 

Una de las soluciones que ayudaría a terminar con el problema de la desocupación sería dejar despedir a las empresas que lo necesiten, pero otorgando grandes beneficios y facilidades para que los trabajadores puedan acceder a seguros de desempleo, protegiendo así su estabilidad económica hasta que logren ser contratados en una nueva labor. Sin lugar a duda, también sería oportuno bajar la carga impositiva y las regulaciones de las empresas para que estas puedan verse más confiadas a la hora de contratar personal.

 

Otra deuda pendiente del sector político y el gobierno con el ciudadano es dar una solución a la gran cantidad de empleos informales que tiene nuestro país. Para las empresas, es mucho más barato contratar en negro que formalizar esos puestos de trabajo. Y esto corresponde exclusivamente a la carga impositiva que recae sobre las empresas que contratan y el sinfín de restricciones y regulaciones a las cuales deben someterse. Un estudio del Instituto para el Desarrollo Social Argentino detalló que solo el 55% de los hogares argentinos tienen como cabeza de familia a un empleado en relación de dependencia registrado. De ese total, el 16% son pobres. En tanto, el 22% tiene como jefe a un empleado no registrado (el 43% son pobres) y el 23% es cabeza de familia un cuentapropista (35% son pobres). Aliviar esa carga impositiva y desregular los contratos de empleo generarían un impulso lo suficientemente fuerte para que el mercado laboral intente retomar su necesaria dinámica.

 

¿La prohibición de despidos y la doble indemnización favorecen al trabajador en el corto plazo pero lo perjudican en el largo plazo? ¿Es viable un sistema laboral con tantas restricciones? ¿Acaso es el momento oportuno de ponerle más palos en la rueda a las empresas que atraviesan uno de los peores años en cuanto a producción? ¿Es imposible pensar que en el futuro próximo se debata una reforma laboral en el Congreso que beneficie a empleados y empresarios?

 

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