La actividad económica cayó casi 3% en julio, la peor baja mensual desde la pandemia

El Estimador Mensual de Actividad Económica registró en julio una caída del 2,9%, con desplomes en industria, construcción y comercio. La economía enfrenta riesgo creciente de recesión técnica en medio de un panorama complejo.

En julio de 2026, la economía argentina sufrió una contracción mensual del 2,9%, el retroceso más fuerte desde la pandemia de Covid-19, según informó el Estimador Mensual de Actividad Económica (Emae). Este descenso es el peor desde septiembre de 2019, excluyendo los meses excepcionales de la crisis sanitaria, y representa el cuarto mayor desplome para un mes desde 2004, equiparable a crisis previas como la de 2008.

 

El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) registró caídas significativas en sectores clave: la industria manufacturera bajó un 5% y la construcción un 4,6%. El comercio, sector vital para la economía y el termómetro social, fue el más afectado entre las actividades sensibles.

 

El desplome se atribuye a un desempeño débil en las actividades no primarias. Además, el sector agropecuario dejó de crecer y se sumaron factores coyunturales, como menor disponibilidad de gas, condiciones climáticas adversas por lluvias y nevadas, y una reducción en las horas trabajadas en algunos sectores. La serie desestacionalizada del EMAE volvió a niveles mínimos desde marzo de 2025, reflejando un crecimiento limitado a unos pocos sectores sin efecto multiplicador en el resto de la economía.

 

Justina Gedikian, analista de renta fija en Cohen Aliados Financieros, comentó: “En lo que va del año, la actividad cayó en cuatro de los siete meses, lo que refuerza lo que venimos anticipando: una actividad sin motor propio más allá de los sectores primarios, que esta vez tampoco alcanzaron a sostenerla. Con los sectores más intensivos en empleo cada vez más rezagados, se achica el margen para mejorar el ánimo de la sociedad justo cuando empieza a asomar el calendario electoral de 2027”.

 

Por su parte, Federico Machado, economista de OPEN, explicó la falta de derrame de la bonanza externa hacia el resto de la economía: “El superávit externo hasta ahora ha ido a parar (con buen criterio) a fortalecer las Reservas del BCRA. Los pesos emitidos, sin embargo, no son demandados por el sector privado (dada la inversión en caída) y van a parar a bonos del Tesoro, desde donde tampoco se vuelcan a la economía, dado el superávit fiscal (todo roll-over > 100% queda en el BCRA). Lo que tenemos hoy entonces es una economía con déficit de demanda doméstica (consumo + gasto + inversión). Las vías de resolución son el crecimiento del salario real, el crédito o la expansión físcal”.

 

En términos interanuales, la actividad económica se redujo un 1,4%. Los sectores que más incidieron en esta caída fueron la industria (-4,6%), el comercio (-5,1%) y la intermediación financiera (-3%). En contrapartida, la pesca, con una suba del 424,5%, y el sector de hidrocarburos y minería (+8,4%) amortiguaron parcialmente la caída, aunque la pesca suele presentar alta volatilidad.

 

De cara a agosto, Ammiel Pardo, economista de Aldazabal, anticipó “una dinámica mixta, aunque con un desempeño más favorable que el observado en julio”. Señaló que, considerando la base de comparación, “agosto podría registrar una variación mensual positiva”.

 

Sin embargo, el riesgo de recesión técnica -definida como dos trimestres consecutivos de caída- se mantiene alto. Carrera, otro economista consultado, advirtió: “Si en agosto recuperás todo lo perdido en julio, y en septiembre creces menos de 2%, tampoco llegás a evitar la recesión”.

 

Desde la consultora LCG explicaron que, tras el cierre del segundo trimestre con una baja trimestral del 0,6% desestacionalizada, será necesario un crecimiento mensual del 3% en agosto y septiembre para evitar la recesión. No obstante, no vislumbran un motor claro que impulse la actividad, ya que el consumo sufre por la caída del poder adquisitivo y menor empleo formal, la inversión lleva cinco trimestres en baja y el gasto público debe acompañar la caída de la recaudación para sostener el superávit primario, con un efecto contractivo.

 

Carrera también recordó que el Gobierno intentó controlar el impacto inflacionario del shock internacional mediante la apreciación del tipo de cambio y la reducción de las tasas de interés para reactivar el crédito, pero ninguna medida alcanzó su objetivo. En este contexto, señaló que “la apuesta pareciera ser que se consolide la estabilidad cambiaria y que se disipe el shock internacional, para que la desaceleración de la inflación sea más rápida y así haya una recuperación de los ingresos”, aunque puso en duda el éxito de esta estrategia.

 

Los analistas coinciden en que sin un impulso fiscal o una mejora sostenida en el consumo privado, la recuperación será lenta. El escenario electoral añade incertidumbre, dificultando la implementación de políticas económicas que reactiven el crecimiento.

 

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