“Deberíamos crecer más del 5% y estamos estancados”: las advertencias de Arriazu, Kiguel y Redrado sobre la economía argentina
En el 31° Simposio Internacional de Economía organizado por AUTA, los tres economistas coincidieron en un diagnóstico incómodo: los fundamentals mejoraron, pero el crecimiento no llega. Arriazu dijo que la Argentina es un país no confiable y apuntó contra el Banco Central.
Por Eric Nesich
Periodista especializado en Economía y Finanzas
La economía argentina atraviesa un momento paradójico. Los números fiscales exhiben un equilibrio que, según los propios economistas, despiertan admiración en el exterior. Sin embargo, el crecimiento no termina de despegar y el riesgo país sigue en niveles que desconciertan. Esa contradicción fue el eje del 31° Simposio Internacional de Economía organizado por Amigos de la Universidad de Tel Aviv en Argentina (AUTA), que reunió este martes en el Alvear Palace Hotel a Ricardo Arriazu, Miguel Kiguel y Martín Redrado, tres de las voces más escuchadas del establishment económico local.
Arriazu: la Argentina es un país no confiable
El fundador de Arriazu Macroanalistas fue el más directo al señalar al responsable del bajo crecimiento: "Cosecha récord, producción récord de hidrocarburos, ganancia en minería y términos de intercambio favorables deberían traducirse en un crecimiento superior al 5%, pero el país está estancado apenas arriba del 2%". Para Arriazu, la explicación es una sola: la excesiva compra de divisas por parte del Banco Central, que constituye su política monetaria.
El economista, uno de los más escuchados por Javier Milei, destacó el potencial del país en sectores como Vaca Muerta, el litio y el cobre, pero sostuvo que la estrategia de acumulación de reservas del BCRA —que ya superó los USD 15.500 millones en lo que va del año— termina ahogando esa capacidad de expansión. La Argentina tiene lo que el mundo necesita: energía, litio, cobre, plata, y la manera de sacarlo, afirmó.
Kiguel: un riesgo país que supera la lógica
Miguel Kiguel, exsubsecretario de Financiamiento, partió de un reconocimiento: la situación fiscal argentina es envidia de Europa, de Estados Unidos, de todos. La inflación bajó del 25% mensual al 2%, la brecha cambiaria se achicó y las reservas netas pasaron de terreno negativo a unos USD 12.000 millones positivos. Sin embargo, el economista se preguntó por qué, con esos fundamentals, el riesgo país ronda los 700 puntos cuando Brasil está en 200 y Uruguay y Chile en 70.
"No sé si va a seguir subiendo. Es un comportamiento que ya supera lo que sería la lógica", admitió. Para Kiguel, la desconexión entre los números y el precio de los bonos se explica por tres fragilidades: la historia de defaults, reservas que siguen siendo insuficientes —sostuvo que el país necesitaría entre USD 60.000 y 70.000 millones— y el riesgo político de cara a 2027. No es una fija que gana Milei. Puede, pero puede que no. Y si viene otro, no sabemos si viene alguien razonable, advirtió.
Kiguel también lamentó que el Gobierno no haya aprovechado la ventana de comienzos de año para volver a los mercados internacionales de deuda, lo que, a su juicio, hubiera despejado la situación.
Redrado: equilibrio presupuestario y desregulación no alcanzan
Martín Redrado, expresidente del Banco Central, fue el más crítico del enfoque oficial. Sin negar los avances en materia fiscal, sostuvo que un programa económico integral no puede limitarse a ese pilar. "Hay quienes creen que con equilibrio presupuestario y desregulando la economía ya está, que con una nueva ley laboral todo se arregla. La realidad demuestra que no es así", afirmó.
Para Redrado, la economía argentina crece de forma heterogénea: mientras el petróleo, el agro, la minería y el litio avanzan, el consumo privado sigue frío y la inversión no se derrama al resto de la estructura productiva. "Un médico no trata un problema aislado sin mirar todo el organismo. Lo mismo sucede con la economía: si uno analiza solo el dólar, la inflación o las tasas de interés, sin ver el conjunto de la economía y los impactos sociales, no se logra un resultado sostenible", graficó.
El expresidente del BCRA reclamó un programa que impulse de manera coordinada el consumo, la inversión y las exportaciones, y que contemple los costos sociales del ajuste. Para que Argentina aproveche su potencial, necesitamos un programa económico que impulse consumo, inversión y exportaciones de manera coordinada, considerando siempre los costos sociales y el bienestar de los trabajadores, concluyó.
Más allá de los matices, los tres economistas coincidieron en un punto: la Argentina tiene los recursos y, en teoría, las condiciones macroeconómicas para crecer mucho más de lo que crece. El problema, según sus diagnósticos, no es la falta de oportunidades sino la persistencia de obstáculos que van desde la política monetaria del BCRA hasta la desconfianza estructural de los mercados y la fragilidad política. En un año preelectoral, esas advertencias suenan menos como diagnósticos técnicos y más como un llamado de atención sobre los riesgos de quedar atrapados, una vez más, en la diferencia entre lo que el país podría ser y lo que efectivamente es.
