La pandemia expuso a la política, ¿Seguiremos igual?

La política hoy forma parte de una especie de casta superior en nuestra sociedad, inmersa en laberintos turbios de escasa accesibilidad a los ciudadanos.

Por Marina Kienast

Abogada, Traductora y dirigente de Republicanos Unidos

 

¿Por qué somos ajenos a los caminos hacia el poder cuando en definitiva sufrimos diariamente sus imposiciones y caprichos? ¿Por qué nos entregamos y somos indiferentes a participar de los espacios de conducción de nuestra sociedad? Creo que llegó el momento de pensar y actuar fuera de los esquemas convencionales, entrar al juego y votar distinto.

 

Este 2021 es un año de elecciones. Se trata de una elección particular, enmarcada en un contexto de crisis tanto local como global por la pandemia, pero con votantes que debieron adaptarse a un mundo nuevo, reformular sus negocios, estudios e incluso su hogar y cotidianidad.

 

Es cierto que la tecnología y sus posibilidades fueron un factor esencial para atravesar las calamidades del año pasado: el teletrabajo, clases y turnos médicos online, QR para menús, ni hablar de las millones de transacciones bancarias que aumentaron desde el 2019. Incluso hubo clases de gimnasia, cumpleaños, bautismos y casamientos online. Salvo estos últimos, que lograron reinventarse en formato plaza (no hay reemplazo para el valor del encuentro presencial), la ciudadanía se adaptó rápido y una nueva normalidad llegó para quedarse. 

 

¿Tendrán eco estas transformaciones en las elecciones del presente año? ¿Se traducirán en ciudadanos más exigentes con un Estado que no supo salir de su comodidad mediocre y soberbia, y cegó sus ojos a un nuevo mundo? Quedó muy claro que el sector privado no puede resistirse a estos cambios y hacer de cuenta que no pasa nada, porque se estanca y cae en quiebra. Está forzado a recurrir a todo tipo de ingenio e imaginación para sobrevivir. (Sobre todo cuando te obligan a cerrar tu negocio y te prohíben despedir empleados). Por otro lado, el gobierno, con la inoperancia de siempre se mantuvo inerte y  conservó miles de empleados, designó más de 20.000 nuevos cargos, y siguió encubriendo la ineficiencia y corrupción a expensas de nuestros impuestos, siendo que la gran mayoría nunca cumplieron tareas producto de la pandemia.  

 

Innovar es buscar caminos alternativos para abordar un problema que nos aqueja reiteradamente y no logramos resolver. Durante el 2020 fue evidente que el gobierno, en un contexto de incertidumbre global sin precedentes, no quiso buscar una salida a la dicotomía “salud vs. economía”. Decidió aliarse con quienes ante la adversidad se paralizan y reprimen, en lugar de convocar a la unión de la comunidad. Habilitar a cada argentino, a cada empresa a zanjar sus obstáculos particulares con libertad y flexibilidad hubiese permitido fomentar de manera increíble su creatividad y no hubiesen fundido tantos comercios. Si se le permite al individuo adquirir conciencia de su propia potencialidad, el mito del “Estado todo proveedor” cae, y con él millones de clientes de un gobierno oportunista.

 

Hubo marchas. Hubo banderazos. Algunos lograron frenar ciertas medidas populistas y avasallantes. En octubre vamos a frenar al Gobierno en las urnas. Un gobierno que utiliza hace décadas las mismas recetas fallidas. Debemos involucrarnos como ciudadanos y probarnos como sociedad. Nos toca promover libertad, sentido común, humildad y honestidad. Es  necesario que protagonicemos la generación de una nueva clase política, y hoy tenemos esa posibilidad: ser nosotros mismos los que en el futuro tomemos las decisiones que tanto nos afectan.

 

Se le atribuye a Henry Ford la frase “si le hubiera preguntado a las personas qué querían, me hubieran dicho que caballos más rápidos”. Innovemos esta vez como ciudadanos, y participemos con conciencia y responsabilidad en la elección de quienes nos representan.  

 

Si suena ingenuo o utópico pretender la renovación de una casta todoproveedora, más ingenuo aún es pensar que vamos a encontrar una solución a la crisis que se avecina sin una manera distinta de gobernar.