Lo injusto de la justicia social

La justicia social, si bien nace como un concepto bien intencionado que busca solucionar una desigualdad en la sociedad, sus métodos generan la sustitución del libre Mercado por la coacción estatal, estableciendo así, un régimen de economía planificada que ya fue descartada por el mundo moderno.

Por Nahuel Lozano

Trader de análisis técnico - Experto en el Mercado de Capitales del IAMC

 

En la mente de la mayoría de las personas, la idea de justicia social apunta a la redistribución de la riqueza y a garantizar ciertos estándares moralmente correctos. Se supone que es injusto que algunas personas generen más riqueza y tengan acceso a mayores oportunidades que otras. Para solucionar este problema, se apela a corregir esta injusticia o desigualdad, mediante la intervención estatal. La idea de justicia social caló hondo en la sociedad argentina, como un concepto igualador e incuestionable en cuanto a su ética. Los defensores de este concepto buscan establecer un orden económico y social basado en la moralidad y en las bases mínimas de vida digna, utilizando la figura del estado como el gran garantizador de esta justicia social.

 

Muchas veces vemos como los defensores de la justicia social han traspasado los límites de la convicción, de ideas lógicas, para convertirla en una postura dogmática que, como todo dogma, se jacta de ser ética y moralmente correcta. En ocasiones, esta concepción axiomática de la justicia social se pone de manifiesto cuando solo basta con establecer una postura de disensión para que los “Justicieros Sociales” comiencen a criticar los valores y la moralidad de dicha persona, como si se tratara de una horda de fanáticos religiosos. En consecuencia, estas personas se encargan de dividir el mundo entre buenos y malos, siendo los defensores de este concepto las personas con mayor conciencia social, mientras que sus detractores son tildados de insensibles y malintencionados. Si por un momento se corriera el velo del fanatismo y se pudiera analizar desde otra perspectiva todo lo que implica la redistribución de la riqueza que se plantea en el concepto de justicia social, sería muy fácil dejar en claro el carácter inmoral de esta idea que ya forma parte del inconsciente colectivo de la sociedad argentina.

 

Para que exista una justicia social, se debe suponer que cada movimiento en el engranaje de la actividad económica es injusto per se. Aunque se produzcan transacciones libres, voluntarias y se encuentren dentro de un mercado abierto y competitivo, dichos movimientos tienen un resultado injusto porque cada vez que alguien gana dinero es a costas de otro que pierde, o simplemente no gana lo suficiente respecto del trabajo que aportó, generando una concepción en la cual la economía es un juego de suma cero. Tirando por tierra esta creencia, podemos argumentar que la ganancia de los empresarios exitosos se explica por haber satisfecho las necesidades de los consumidores, que como consecuencia, se beneficiaron de dicha transacción mercantil. De ninguna manera los resultados de la actividad económica de un mercado libre y competitivo generan desigualdad, ni benefician exclusivamente al empresariado. Y mucho menos aún son injustos si han respondido a acuerdos libres y honestos entre los agentes del mercado.

 

En el orden de un mercado libre y desregulado los estratos más bajos de la sociedad ven incrementada sustancialmente su calidad de vida gracias a la creación de bienes y servicios por parte de los más adinerados. El empresario exitoso no genera desigualdad, sino que es un benefactor social que es recompensado con riqueza a cambio de colocar en el mercado mejores bienes y servicios al menor precio. Gracias a los empresarios, millones de personas salieron de la pobreza porque se vieron favorecidas por sus productos, generando a su vez esos estándares que la justicia social exige garantizar. A demás, las personas que aún continúan en la pobreza tienen muchas más oportunidades que antes para poder salir adelante utilizando esos productos y servicios.

 

Para los defensores de la justicia social, la sociedad tiene la capacidad excepcional de determinar quienes pueden ganar dinero y quiénes no. De ahí que se asocia la injusticia con lo social, porque la sociedad es la propulsora de la desigualdad. Se sostiene que es la propia sociedad la que fue injusta con los pobres y por ello merecen ser compensados. Para rebatir esta idea, los detractores de la justicia social entendemos que la sociedad no puede ser injusta porque solo las personas concretas pueden ser injustas, no así las sociedades. Entonces, la justicia social pretendiendo solucionar las desigualdades de las personas, perpetra el mayor acto de injusticia: tratar a las personas de manera desigual frente a la ley. Si el empresario se enriqueció honestamente satisfaciendo las necesidades de sus consumidores, es profundamente injusto que se le quite el fruto de su trabajo para beneficiar a personas que no han satisfecho ninguna necesidad de la sociedad.

 

La desigualdad inherente a la condición humana. Ya sea por raza, religión, sexo, entre otras, las personas somos diferentes por el sólo hecho de ser humanos, por lo que, abogar por la lucha contra la desigualdad es una causa perdida. Pero este aspecto no es negativo, ya que son nuestras propias diferencias y diversidades las que posibilitan un amplio espectro de oportunidades para desarrollarse en sociedad, siempre y cuando se respete la libertad de cada individuo. De ahí, es posible pensar que la verdadera lucha es la que se libra contra las fuerzas opresoras, contra la coacción, la prohibición, y a favor de la libertad.

 

La justicia social, en su máxima expresión, se encuentra alineada con el modelo de economías planificadas que plantea la doctrina Marxista. Para justificar esto, se puede decir que siempre que haya libertad entre las transacciones de los individuos los resultados económicos serán siempre desiguales, entonces la búsqueda de justicia social no terminará hasta haber erradicado completamente la libertad y que el rol de los empresarios que benefician a los consumidores con bienes y servicios sea reemplazado completamente por la coacción estatal.

 

En lineamientos generales, la justicia social no plantea una lucha contra la desigualdad, sino que enmascara una finalidad mucho más oscura y beligerante: coartar las libertades individuales. La lucha no debe ser contra las desigualdades, sino en pos de preservar la libertad de poder desarrollar una actividad económica sin que se disponga arbitrariamente de la propiedad privada para solucionar una supuesta desigualdad que resulta ser un espejismo ideológico.